Tres buenas razones para salir del laboratorio y contaminarse con un poco de público

por Victoria Mendizábal para BioForum

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Hace un par de semanas, intenté convencerte de que no hace falta ser Sagan o Cousteau para comunicar la ciencia de manera clara, efectiva y por qué no, amena. Que cualquier científico debería poder comunicar lo que hace en su laboratorio a la sociedad, así como puede explicar a sus colegas cómo hizo cualquiera de sus experimentos.

No sé si lo habré logrado, pero a partir de esta primera provocación se armó un lindo debate en las redes sociales. Y claro, ¡ahora voy por más!

Debo reconocer que de todos los comentarios que leí en Twitter, Facebook, Linkedin y en el propio blog de Bioforum, hay dos que me tocaron particularmente. Si como decían por ahí, sólo hay comunicación cuando hay emoción, es claro que los mensajes me llegaron: uno por lo provocativo y el otro porque en 140 caracteres me explica a mí misma en mi decisión de colgar los guantes y pasar del otro lado del mostrador.

“¿Mas trabajo a cambio de nada? Es la excusa perfecta para los científicos sordos al deber de la divulgación” lanzó Guadalupe Soria en su cuenta de Twitter. Como le dije, “toda una acusación de clase”, pero no por odiosa y provocadora deja de ser menos ¿cierta?

Por su parte, Gabriel Rabinovich me dio la otra clave: “Decididamente la vida te va llevando a uno u otro… es difícil emprender los dos caminos (el de científico y el de divulgador) con profundidad”.

Deber y profundidad. Retené estas dos ideas en tu cabeza hasta el final, por favor.  

¿Se puede seguir nadando a contracorriente?

Más allá de ciertas resistencias, hoy por hoy, los científicos empiezan a saber que tienen que comunicar los resultados de sus investigaciones a diversos públicos más allá de su campo de influencia más directo. Esto es así, por diversos motivos que te propongo agrupar en tres grandes colecciones de razones para salir de la llamada torre de marfil y contaminarse con un poco de público:

  • Razones éticas

A lo largo de la historia de la ciencia moderna, algunos científicos siempre han encontrado buenas razones para comunicarse con el gran público.

Razones que podríamos llamar “altruistas” como el mero hecho de querer compartir con otros aquello que sabían. Por esto de que “es bueno en sí mismo” tener cultura científica, porque es necesario que la población esté informada acerca de los últimos descubrimientos de la ciencia, porque es preciso democratizar el conocimiento, porque hay que devolverle al pueblo la inversión en ciencia y tecnología que realiza a través de sus impuestos y un sinnúmero de respuestas más o menos conocidas, más o menos utilizadas como clásicos caballitos de batalla.

Pero un día, este conjunto de razones que he llamado éticas adquirieron un tinte algo más militante que meramente altruista. Sin menospreciar al puro altruismo –que también existe, el Proyecto Manhattan (y su consecuencia más trágica y tangible arrojada en Hiroshima y Nagazaki), promovió un cambio sustancial en las actitudes de algunos científicos frente a su responsabilidad, a la hora de pensar (y comunicar) los usos y aplicaciones de sus descubrimientos.

Tal fue el caso de personajes como el propio Albert Eistein quien junto a otros científicos como Bertrand Russell y Józef Rotblat trabajaron juntos para constituir el manifiesto Russell-Einstein en 1955, fundando años más tarde las Conferencias Pugwash. Esta serie de conferencias internacionales sobre ciencia y asuntos mundiales fue convocada con el fin de discutir asuntos tales como el desarme y la responsabilidad social del científico en temas como el crecimiento demográfico, el deterioro medioambiental y el desarrollo económico.

En otra línea, la labor divulgativa de científicas como Rachel Carson marcó un hito en la historia del periodismo ambiental por su aporte de una nueva perspectiva a la preocupación por el ambiente. Su obra “Primavera silenciosa” (1962) funciona como una denuncia pública que condena el uso de plaguicidas como el DDT por el peligro que representa para la salud humana y, de algún modo, señala el paso del ‘conservacionismo’ al ‘ecologismo’.

  • Razones de sostenibilidad

Pero además de estas razones éticas, también existen, y se han profundizado en las últimas décadas, otras razones no tan heroicas y responsables, sino algo más “egoístas”.

La sostenibilidad del sistema científico y de la propia línea de investigación, dependerá de la capacidad de obtener financiamiento en un escenario cada vez más competitivo por los recursos y de formar discípulos que quieran continuar el propio trabajo. A una escala más institucional y de política pública, también habrá que ser capaces de despertar vocaciones científicas para sostener las bases del avance científico y promover el desarrollo de nuevos campos del conocimiento (estratégicos) que han emergido en los últimos años y que necesitan de recursos humanos formados.

Cualquier científico sabe lo difícil que es convencer a los agentes financiadores año a año, cuando toca renovar los codiciados grants. Cada vez con mayor frecuencia, muchos de ellos también experimentan la dificultad de conseguir becarios que quieran seguir con sus líneas de investigación y aún algunos pocos se enfrentan a la difícil tarea de hacerles entender a los políticos, empresarios y responsables de gestión pública la importancia de áreas estratégicas de la ciencia y la tecnología tales como la bioinformática, la biología sintética, la ingeniería de materiales, por solo citar algunos ejemplos.

Y para que haya becarios que estén dispuestos a ello, tendrán que existir políticas públicas que fomenten estas vocaciones científicas, ya incluso desde la escuela. En Argentina, experiencias como Tecnópolis, TEC TV o el programa Científicos van a las escuelas, sin duda, apuntan –entre otras cosas, claro- en esta dirección.

La consigna parece clara. Tanto a nivel individual como a nivel institucional resulta evidente que para que un determinado campo del conocimiento se desarrolle y se sostenga en el tiempo, la comunicación con sus públicos resulta clave. Y si no, pensemos en el caso de la NASA, tal vez la entidad con el sistema de divulgación de la ciencia más importante del mundo.

Es indudable que la investigación espacial en EEUU no se sostuvo en el tiempo por mera coincidencia. Una vez puesto el hombre en la luna, la NASA se dio cuenta de que si no eran capaces de transmitir a la sociedad la necesidad de continuar con sus investigaciones, la institución podía desaparecer por falta de presupuesto. Por ello, se creó toda una división con el objetivo de divulgar la ciencia espacial entre los más jóvenes. El resultado: creo que está a la vista.

  • Razones de licencia social

Finalmente, existe otro conjunto de razones que yo llamaría de última generación porque han aparecido o se han puesto en evidencia con mayor claridad en los últimos años. De un tiempo a esta parte, la ciencia se ha visto implicada en una serie de transformaciones que han excedido los límites del laboratorio, instalándose en la opinión pública como argumento fundamental en una serie de debates sociales, económicos, éticos e incluso políticos.

¿Qué dice la ciencia con respecto a la responsabilidad humana en el cambio climático? ¿Existen realmente nuevas propiedades o funcionalidades de los alimentos o no son más que una estrategia de venta de las grandes multinacionales? ¿Es ético el uso de células madre provenientes de embriones humanos para la investigación? ¿Cuál es el impacto ambiental y social a largo plazo del uso de agroquímicos en la controvertida área de la biotecnología aplicada a la agricultura?

En este contexto, comunicarse con el gran público parece indispensable para aumentar la credibilidad de ciertos sectores científicos, legitimar las actividades de investigación en algunos campos del conocimiento que generan fuertes debates, promover una imagen positiva frente a la opinión pública o lograr ser fuente de los medios de comunicación para así tener más chances de influir, de alguna manera, en las informaciones que le llegan a la sociedad.

Desde esta perspectiva, el propio desarrollo científico depende en gran medida -y más que nunca en la historia- de la licencia social de diversos sectores que, de una u otra manera, tienen una influencia decisiva en la dirección de los fondos y recursos destinados a la investigación, el desarrollo y la innovación, ya sean públicos o privados.

Así por ejemplo, la crisis de las vacas locas ha generado un cambio en las políticas de seguridad alimentaria en diversos países de la UE. El reclamo de los consumidores se ha visto reflejado en el etiquetaje de productos derivados de cultivos transgénicos, también en la UE. El activismo de algunas asociaciones de pacientes aceleró el desarrollo de la investigación clínica sobre SIDA en los años ochenta en EEUU. Incluso la presión de algunos sectores políticos y sociales fue capaz de frenar la investigación con células madre durante la administración Bush.

Estos son sólo algunos ejemplos, los clásicos. Podríamos pensar muchos otros.  

¿Hay que colgar los guantes o es parte de la tarea del científico?

Para terminar, una de mi propia cosecha.

Primer día en el Laboratorio de Neurofarmacología de la UPF. Me entrevistaba por primera vez con Rafael Maldonado, mi jefe, y quería transmitirle mi pasión por comunicar la ciencia. En cuanto pude, metí baza y le dije qué tan importante era para la ciencia (y para mi) que llegara a la gente.

Sin dudarlo, me dijo: “la intensa tarea del científico no deja lugar para ese tipo de actividades. No hay tiempo para dedicarle a la divulgación”. Y claro… Me dejo sin respuesta. Yo sabía que, en un punto, tenía razón. ¿En qué momento me iba a dedicar a comunicar la ciencia si estaba en uno de los laboratorios de neurobiología de la adicción más productivos de Europa?

El tiempo pasó. Los papers de cocaína, de nicotina, de MDMA, de cannabinoides me mantuvieron realmente ocupada. Pero en el medio, se produjo un intenso debate público por los usos medicinales de la marihuana y la posibilidad de producirla de manera controlada en Catalunya. Al Dr. Maldonado, reconocido especialista en cannabinoides, lo llamaban de todos lados. Lo citaban de la radio, de la tele, incluso venían a hacerle entrevistas a su despacho. Y cuando ya no daba abasto, les pedía -sin ningún éxito- a los investigadores senior del laboratorio que lo reemplazaran en este tipo de intervenciones mediáticas.

Y así fue que, ante las reiteradas negativas, nos dijo a todos en un seminario interno a modo de reclamo: “la comunicación es parte de la tarea científica, se van a tener que acostumbrar a lidiar con los periodistas”.

Mi satisfacción fue total. Ese día, sentí que sin quererlo, las circunstancias y no yo, le habían demostrado todo aquello que intenté explicarle con palabras la primera vez que nos vimos. De pronto, comunicar la ciencia ya no era una pérdida de tiempo, sino parte del trabajo. Y me dije: ¡misión cumplida!

Deber y profundidad, te decía al principio.

Sí, es un deber. No, no es necesario hacerlo con tal profundidad que tengas que dejar de hacer experimentos para comunicarte con la gente. Creo que hay que contaminarse un poco y no necesariamente zambullirse en las profundidades. De mínima: ser capaz de explicar lo que hacés en una entrevista periodística. De máxima: Sagan, Cousteau, el cosmos, el fondo del mar y más allá.

Te la dejo picando.

¿Y vos qué pensás? Te aliento a que dejes tu comentario en este espacio.

Victoria Mendizábal

Soy Victoria Mendizábal. Bióloga y Dra. en Farmacología por la Universidad de Buenos Aires. Fui becaria doctoral del CONICET en Argentina, Postdoc en el laboratorio de Neurofarmacología de la Universidad Pompeu Fabra en España. No me iba mal como científica, al contrario. Llegué a ser investigadora adjunta del CONICET con menos de 35. Pero un día decidí dejar los experimentos controlados ya que empecé a sentirme más cómoda y útil en esto de hacer llegar el conocimiento científico a la sociedad. No quiero que dejes la mesada, si no es tu deseo. Al contrario, espero poder convencerte de lo importante que es esto de la comunicación social de la ciencia, sin dejar de ser científico o científica.

Contacto: victoria.e.mendizabal@gmail.com

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18 pensamientos en “Tres buenas razones para salir del laboratorio y contaminarse con un poco de público

  1. hola a todos y en especial a victoria !! la comunicación de lo que pasa en la ciencia es etico vital y estamos obligados moralmente a hacerlo porque para eso se nos paga… primer problema es que hoy el investigador no tiene tiempo de hacer divulgación. . tiene que conseguir resultados fondos y otras… y si lo pudiera hacer no save como y el lenguaje de la comunicación seria vital ( como se le va a transmitir al comun de la gente en el idioma científico que usamos nosotros) y creo que la funcion del comunicador seria esa primeramente la de traduccion al la cominidad científica y yo no creo que sea viable que los científicos cuelguen los guantes…casi imposible besos a todos

    • Hola Fernanda! Es cierto que el tiempo escasea… por eso lo planteo y también cierto que en muchos casos no saben cómo hacerlo. Entonces, si además es una obligación, ¿cómo se resuelve la ecuación? Me parece que es un cambio de actitud o de mirada lo que hace falta. Nadie diría que no tiene tiempo para escribir un paper o dar un seminario interno, se considera “parte” del trabajo. El problema con las actividades de divulgación, es que se considera como algo “anexo”, y “si me sobra el tiempo lo hago” (cosa que nunca ocurre, claro…) Por eso, creo que es vital que haya apoyo institucional a los científicos para que puedan enfrentar este nuevo “deber” de estos tiempos. Apoyo para aprender a comunicar y apoyo a la hora de evaluar el desempeño.
      Saludos!!

      • Tal Cual!! Primeramente el mensaje debe provenir del lado institucional o sea que se formalicen desde la institución los canales de mayor facilidad para esa divulgación y así ir amenizando el intercambio. Se nos paga para que trabajemos para la sociedad y a ésta le llega poca o nula información Besos

  2. Coincido ampliamente. Me parece que dedicar un poco de nuestro tiempo a divulgar colabora con que los nuevos conocimientos se aprovechen mejor, y también puede ayudarnos a pensar en nuevos interrogantes. Es tiempo invertido no perdido.

    • Gracias Laura por tu comentario! Creo que das en el clavo: se trata de un ida y vuelta. Realizar actividades de divulgación enriquece al científico, no sólo le quita tiempo. Le da una nueva perspectiva a su trabajo, lo saca de la rutina y esto hace que tenga nuevas ideas para poner en la práctica en su laboratorio. Mientras no se entienda que suma y no que resta… seguiremos así… por eso, seguiré insistiendo! je

      Saludos a todos!

  3. Es verdad que a los investigadores no les sobra el tiempo, es más, si fuera por ellos, quisieran días de 36 hs. (va…esto a opinión personal…jajaja). Pero también es cierto que invertir tiempo en la divulgación, paradójicamente, no lleva mucho tiempo y-además-hoy por hoy, existen medios de comunicación virtuales (me refiero particularmente a la redes sociales) que agilizan, facilitan y “viralizan” (por usar un termino biológico para denotar masividad…jajaja) la tarea de divulgar ciencia.
    En mi opinión, es solo cuestión de voluntad.
    Les dejo una convocatoria que les puede ser de utilidad:
    http://www.mincyt.gob.ar/convocatoria/curso-de-stand-up-cientifico-10826

    • Mariano, muchas gracias por tu comentario. Está muy buena la convocatoria!! Y es una buena oportunidad de aprendizaje.

      Con respecto a lo que planteás estoy totalmente de acuerdo. Es una cuestión de buscarle la vuelta. No es necesario dedicar tanto tiempo si no se quiere y hay muchos medios y plataformas para participar que no requieren tanta dedicación.
      Seguiremos ahondando en ellos!

  4. hola Victoria,
    Todas las razones que das son muy validas. Yo creo que en Argentina no nos preparan para esa tarea (al menos cuando yo fui a la Faculatad y cuando hice el doctorado). Yo trabaje 6 anios en USA y actualmente trabajo en Australia y para mi fue sorprendente como los entrenan a los alumnos en el tema de divulgacion. Por ejemplo aca en Monash University los estudiantes de PhD tiene una competencia anual, tiene que explicar sus tesis en 3 minutos. los jurados son cientificos de todas las areas. a los estudiantes no les queda otra que simplificar el palabrario e ir al corazon de su proyecto. Los honours (estudiantes del ultimo curso de grado), que todavia no se graduaron tienen que hacer presentaciones usando un lenguage no-cientifico (plain), etc. Ademas es muy comun que los periodistas queran hablar con investigadores para entrevistarlos o para que los asesore en algunos temas o reportes para los medios, asi que tenes que prepararte.
    Te felicito por el foro
    Pablo

    • Muchas gracias, Pablo! Qué bueno lo que contás! Estoy de acuerdo en que en Argentina -y en Latinoamérica en general- seguimos en un esquema en el que las actividades de divulgación aún son vistas como una pérdida de tiempo.

      En otros países, como vos decís, las cosas son distintas desde hace ya un par de décadas. Las instituciones científicas entienden que hay beneficios concretos que los investigadores (ya “consagrados” y aún aquellos que están en formación) pueden obtener de este tipo de actividades,

      Por ejemplo, (y esto es una opinión personal) poder expresar lo que se hace en 3 minutos no sólo ayuda a que la sociedad “entienda” sino que clarifica al propio investigador acerca de lo que hace. Muchas veces nos “perdemos” en la maraña de los experimentos y los detalles y por estar viendo el árbol no vemos el bosque, algo que también es fundamental para el avance de la ciencia.

      Ya seguiremos con estos temas en próximos debates!

      Saludos!

  5. Hola Victoria! Antes que nada me parece muy interesante tu articulo. Y mi humilde opinion es que si, es uno de nuestros deberes, especialmente de aquellas personas que se han formado en la Universidad publica. Obviamente, que hay que buscar una forma de expresion que sea adecuada para aquellos que no manejan la terminologia del tema. Pero debemos hacerlo, buscar la manera de llegar a la poblacion, sino se crean espacios que otras personas llenan. Claro ejemplo es lo que pasa hoy en dia con el tema de las vacunas y la confusion que genera el termina natural o no en los alimentos.
    Saludos! y perdon por la falta de acentos (es el teclado que tengo) 🙂

    Arabela

    • Muchas gracias, Arabela. Muy interesante (y muy cierto) lo que comentás con respecto que hay que buscar la manera de ser fuente de información para la población.

      Si no ocupa el espacio alguien que realmente tiene conocimientos científicos lo ocupará cualquiera, sin conocimientos o, lo que es peor, información “interesada”.

      Saludos y la seguimos!

  6. jeje…Testigo de tu experiencia te diré otra cosa…Por interés te quiero Andrés! 😉
    Pero lo que quería decir, primero que los comentarios reflejan que algo se mueve al respecto de la comunicación sobretodo en las nuevas generaciones. Pero son los super PIs los que yo hecho en falta en este escenario. Te lo cuento con un ejemplo. Contexto: Final meeting de una convocatoria europea ERANET-NEURON el pasado enero en Viena. Estábamos allí los investigadores que habíamos sido financiados, 10 consorcios formados por un mínimo de 3 grupos cada uno, así que no éramos muchos. Cuando al final de todo los organizadores del programa (EU) nos preguntaban de tú a tú en qué podían ellos contribuir a la mejora del programa, yo respondí que sería bueno destinar un presupuesto para tareas de divulgación y comunicación. La señora se sorprendió y dijo: ah! pero estarían interesados?! cuántos estarían interesados en algo así que levanten la mano. Quizás 30% alzó la mano. Pero lo peor fue un PI, no diré nacionalidad, que tomó el micro y dijo: si se destina dinero para eso, nos lo quitarán del presupuesto para investigar…y lo necesitamos.
    Lo necesitamos más de los que se necesita la divulgación? Vamos…que me crispo! Que luego está el tema del control en la gestión de los proyectos, que de todos los colores he visto! Pero ese es otro debate…

    Gran debate Vics! te lo estás currando!

    • Gracias Lupe! Es claro que el ejemplo que conté -muy seguramente- hubiera sido diferente si “mandar a los seniors con la prensa” le hubiera representado una posible amenaza de reducción de presupuesto. De lo que hablaba era de un apoyo simbólico y a la vez concreto para destinar tiempo al trato con los medios. Por supuesto, sin un incentivo económico por ello.

      Lo que planteás con respecto a la posibilidad de destinar fondos para divulgación (dentro del dinero que se recibe por un proyecto de investigación), es claramente otra cosa. Pienso que, como en algunos proyectos europeos ya existe, se debería destinar sí o sí, pero como condición por parte de los financiadores. No deberían decidir los investigadores porque en ese caso correríamos el riesgo de que no lo hagan por miedo a que ese monto se lo recorten eventualmente. No sé si la lié o se entiende a lo que voy. Digo: Creo que cada proyecto de investigación que uno pide, debería tener una partida destinada a actividades de divulgación como un requisito de la financiación.

      De ese modo, también se estaría enviando un mensaje claro a los investigadores con respecto a que las tareas de divulgación son como la partida destinada a animales de laboratorio, reactivos, pequeño instrumental, recursos humanos (becarios), etc. Y se empezaría a poner en un plano de igualdad frente a otras tareas. Esto, al margen de que puedan existir partidas de dinero dirigidas exclusivamente a actividades de divulgación como en el caso de algunos programas que lanzó el CONICET y el MINCYT dirigidos a investigadores.

      Seguimos!!

  7. Hola Victoria! muy interesante el artículo! particularmente me parece que divulgar lo que hacemos forma parte también de nuestro deber para con la sociedad y con esto de “despertar las vocaciones científicas”, por mi parte participo en las actividades de la FAN, divulgando un poco de lo que se hace en nanonotecnología a estudiantes de nivel secundario, si bien aveces no resulta tan fácil encontrar el lenguaje y la forma, lo pude hacer y me sentí muy a gusto. Deberíamos encontrar más espacios como este.

    • Muchas gracias, Soledad! Qué bueno que participes de actividades de divulgación. No por casualidad, tu participación se da en un campo como la Nanotecnología, campo de investigación estratégico y fuertemente apoyado desde las políticas públicas actuales en la Argentina.

      Muy cierto también esto de que no es fácil encontrar el lenguaje y la forma, temas en los que ahondaremos en próximos artículos.

      saludos!

  8. Pingback: ¿No todos iguales ante la divulgación?: A saltar, pero con la pileta llena | Bioforum

  9. Excelente nota Victoria. Desde mi humilde posición de tesista, cercano a finalizar la carrera me gustaría dejar mis impresiones sobre la divulgación científica. Por supuesto que antes de dar una opinion aclaro que hay muchas cosas de las cuales aún no me empapado y por ello puedo estár equivocado en muchas cosas y me hago responsable.

    La divulgación científica en mi caso ha servido para mi formación como ninguna otra cosa. Ha impulsado esas ganas de entender de lleno un tema para luego buscar una analogía y luego poder explicarla. He disertado varias charlas y talleres (incluso en la Biblioteca Nacional) y reconozco (mirando los videos) cuanto me faltaba conocer y mejorar y es por eso que divulgar ha significado como una autoeducación para mi.

    Considero que todos deben divulgar, ya sea disertando una charla así como tomando un trago con amigos, intentar popularizar la ciencia debería ser un objetivo que vaya a la par de las investigaciones. Pero sobre todo reconocer que saber explicar un tema a cualquier público “de a pie” significa que realmente entendes el tema, o al menos lo dominas lo suficiente.

    Tampoco está para nada mal que todos aquellos que quieran embarcarse a la divulgación prueben distintos públicos, desde chicos hasta bien mayores.

    En fin, esas son solo unas pocas palabras que quería compartir.

    Saludos cordiales.

    Federico.

  10. Hola Federico!

    Muchas gracias por tus aportes! En lo personal, me alegra mucho leerte porque coincido plenamente con vos: para divulgar aquello que una hace, es absolutamente necesario comprenderlo profundamente. Imposible sintetizar, buscar las metáforas y los recursos adecuados para comunicar y que nuestro interlocutor entienda y pueda devolvernos su feedback, si no se tiene una comprensión profunda del tema de estudio. De la mano con esto, el otro aspecto que tocás en tu intervención: divulgar es el mejor aprendizaje.

    Y sí… cada uno debería buscar cuál es el canal y el público con el que se siente más cómodo, pero opino que es un requisito del “ser científico/a”… aunque muchos, seguramente- no estarán de acuerdo con esta apreciación. Sobre todo, muchos periodistas científicos que se sienten amenazados por la sola idea de que cada científico/a sea capaz de ser un buen divulgador/a. No estamos hablando de replicar Saganes y revolucionar el mundo de la divulgación. Estamos hablando de ser capaces de comunicar adecuadamente lo que hacemos, una perspectiva que un periodista científico jamás podrá dar porque comunica aquello que OTROS hacen. Cada uno -científico y periodista- tiene una riqueza diferente para aportar a sus públicos. Creo que es una falsa antinomia.

    saludos!!!
    Victoria

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