¿No todos iguales ante la divulgación?: A saltar, pero con la pileta llena

por Victoria Mendizábal para BioForum

photo credit:  via photopin (license)

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Y sí. Lo admito. No fui del todo sincera cuando te dije que cualquier científico es capaz de comunicar lo que hace en su laboratorio con igual facilidad.

Lo siento. Tenía que ser un poco provocativa si de verdad quería llamar tu atención.

Por eso, empecé diciéndote que no hace falta ser Sagan, Cousteau, Paenza o Golombek para poder comunicar de manera clara, efectiva y amena tus experimentos. Aunque no te estaba mintiendo, omití decirte que hay que tener un mínimo talento natural y un entrenamiento básico en habilidades de comunicación para no hacer papelones.

Después te di motivos -más allá de las ganas y del “deber ser”- para salir de tu microcosmos y hacer el intento de contaminarte con un poco de público. Con-ta-mi-nar-te, sí. Leíste bien.

Es que salir de esa zona de confort en la que sabés manejarte con cierta fluidez, para lanzarte a otra no tan cómoda en la que sentís que vas a incendiarte con sólo abrir la boca, puede ser riesgoso para tu ego. Pero, te lo aseguro: también puede ser altamente gratificante.

Por eso, deliberadamente evité aclararte que no es igual dar el salto si tenés el apoyo de tu jefe o de la institución para la que trabajás, que si no los tenés. Bueno, ahora te lo confieso: ¡claro que no es lo mismo!

Por último, intenté convencerte de que si te embarcarse en esto de ser científico, a esta altura ya sabés hacerlo. Desde las anotaciones de los protocolos y los resultados de tus experimentos en el cuaderno de laboratorio, los seminarios internos, el abstract para el congreso, la comunicación oral, hasta la escritura del paper, todo el tiempo estás contando tu ciencia. Creo que te di motivos más que suficientes: comunicar está en el ADN del quehacer científico y, definitivamente, no es una tarea auxiliar.

Incluso un colega chileno fue contundente cuando aseguró que el desarrollo de habilidades de comunicación resulta determinante a la hora de plantearse una carrera científica.

“Si no se tiene la capacidad de comunicar la propia investigación de manera escrita u oral, la posibilidades de triunfar en este tedioso camino son prácticamente nulas”, nos decía Eduardo Villablanca desde su laboratorio en el Instituto Karolinska de Suecia.

El asunto es claro. Si bien la comunicación es una tarea medular en la actividad científica, no todos los científicos son iguales a la hora de comunicar los resultados de sus investigaciones. Mucho menos, de cara al gran público.

  • Importa tu talento natural, por descontado.
  • Importa en qué etapa de tu carrera te encuentres. Si estás más avanzando, indefectiblemente habrás tenido más práctica.
  • Importa en la institución en la que te desempeñes. Ya dijimos que no es lo mismo con apoyo que sin él.
  • Importa en qué lugar del planeta desarrolles tu carrera científica. El mundo anglosajón hace un tiempo que se dio cuenta de esto de que los científicos también se deben a su público.

Por último, importa si sos hombre o sos mujer, pero a eso mejor te lo cuento otro día porque da para largo.

¿La práctica hace al maestro?

Descontando el talento natural, que o se tiene o no se tiene, es probable que, como dijeron por ahí, “la práctica haga al maestro”.

Si aceptamos que existe una continuidad entre el cuaderno de laboratorio y el escenario de una charla TED, bien podría pensarse que un científico con más trayectoria ha desarrollado más habilidades de comunicación simplemente porque tiene más “tablas”. Así, con un mínimo sentido de la observación acabaremos concluyendo algo que está a la vista de cualquiera: son esos científicos, los peces gordos, quienes con mayor frecuencia hacen de divulgadores. Pero, ¿por qué?

¿Será que un científico más avanzado en su carrera ya ha demostrado que tiene la capacidad de hacer buenos experimentos y que además sabe comunicarlos a sus pares y al gran público? ¿O quizás es porque alguien con una carrera sólida tiene que dar menos explicaciones a un jefe que un becario de iniciación y puede “darse el lujo” de realizar tareas de divulgación? ¿Acaso alguien en las instancias superiores de su carrera tenga cosas más interesantes para decir?

Puede que sí o puede que no.

Lo cierto es que, según afirman la gran mayoría de los estudios en este campo, y muy contrariamente al mito de la saganización de los científicos que divulgan, a más alto estatus dentro de la organización y mayor productividad científica mayor es la probabilidad de interacción con los medios de comunicación y de participación en actividades de divulgación.

Según los especialistas, esta observación -que se constata en diversas latitudes- es probablemente el resultado de dos fenómenos. Por un lado, la preferencia de los periodistas por fuentes de alta reputación y la preferencia de los departamentos de prensa y relaciones públicas de las instituciones científicas de dar publicidad a los investigadores líderes de sus organizaciones. Por el otro, al privilegio formal o implícito de los jefes de unidades de investigación o de los investigadores principales de los proyectos, de representar a sus grupos de trabajo en los medios y frente al público en general.

¿Existe una divulgación de primera y otra de segunda?

Sin embargo, parece que no todas las actividades de divulgación tienen el mismo brillo. Por ejemplo, según revela un estudio realizado sobre investigadores del CONICET en Argentina, los científicos junior y los senior no realizan el mismo tipo de tareas de divulgación. Mientras las actividades prestigiosas tales como las entrevistas en periódicos y televisión son más frecuentes entre los popes, las actividades vinculadas al trabajo con escolares o a jornadas de puertas abiertas son realizadas por científicos en los primeros estadios de su carrera.

Los autores del citado estudio, interpretan estas observaciones desde dos perspectivas. Por un lado, debido a la preferencia de los investigadores senior por formar parte de actividades de difusión en los medios de comunicación frente a la participación en actividades dirigidas a un público más “llano”. Por el otro, sugieren que los periodistas usualmente requieren la opinión de expertos en ciertas áreas emergentes (cambio climático, organismos genéticamente modificados, epidemias, energía, etc.) donde los “expertos” suelen ser los más prestigiosos y los de más alta jerarquía.

Al margen de estos resultados, también habría que decir que las actividades dirigidas a ese público más “llano” compuesto por escolares y gente de a pie, generalmente tienen por objetivo acercar la ciencia que se hace día a día en el laboratorio. Entonces, ¿qué mejor que escuchar a quien efectivamente lleva la mayor carga experimental -que no es otro que el sufrido becario?

Bien sabemos que, así como se desarrollan más y mejor las habilidades de comunicación en la medida en que avanzan en la carrera científica, los científicos senior se van alejando en la misma medida de la mesada para ocupar su tiempo en otro tipo de tareas como el pedido de subsidios, la gestión de fondos, la formación de recursos humanos y las actividades de dirección. Sí, menos mesada y más escritorio.

Por otro lado, no es del todo cierto que siempre los “escolares” sean un público de segunda para los científicos que lideran los llamados cutting-edge projects. Si de apoyo se trata, en el Reino Unido existen iniciativas como el programa Researchers in Residence financiado por pesos pesados como la Wellcome trust y los UK Research Councils. Se trata de una iniciativa que propone acercar a las escuelas secundarias a investigadores líderes de proyectos innovadores. Durante su estancia, que se extiende entre 2 y 3 días, los investigadores trabajan en conjunto con los profesores a fin de ofrecer actividades que hagan la materia y la investigación relevantes e interesantes para los alumnos.

Asimismo, también en el Reino Unido, el programa Perspectives de la British Science Association busca implicar a jóvenes investigadores en actividades de comunicación en las que explican el contexto social de su trabajo en el laboratorio. ¿Por qué los más jóvenes? Para influir, desde una política pública, en cómo los científicos del futuro pensarán acerca de su investigación y cómo la comunicarán.

Pero, más allá de los brillos y las “chapas” en juego, es posible que un investigador senior tenga efectivamente una visión más paisajística de su ciencia y sea más “apropiado” cuando se trata de dar visiones y opiniones globales para una entrevista. En cambio, un científico en las primeras etapas de su carrera seguramente tendrá la mesada más fresca y al día para contarle su cotidianeidad en el laboratorio a un grupo de escolares o a quien quiera escucharlo.

Cada etapa tiene sus pros y sus contras de cara a las diversas actividades de divulgación. Pero, lo que definitivamente marca la diferencia es si tu esfuerzo como científico que divulga es un esfuerzo individual, vocacional y no reconocido o si detrás de tus espaldas tenés una institución y un programa que te apoya.

Saltar o no saltar al vacío, esa es la cuestión

Como todo en la vida, dar o no dar ese salto que te saque de tu zona de confort dependerá de tu percepción de riesgos y beneficios.

En el fondo, si no sentís que semejante exposición te dará algún tipo de provecho, difícilmente lo hagas. El riesgo de pasar papelones, de ser criticado por tus colegas, o de incluso ser “penalizado” -aunque sólo sea simbólicamente- por la institución para la que trabajás, hará que ni siquiera lo intentes.

Algo bien distinto pasa a la hora de comunicarte con tus pares. Aunque haya quien prefiera la mesada y las pipetas, más temprano que tarde, llega el día en el que habrá que rendir cuentas y la única manera de hacerlo es presentando resultados, gráficos, esquemas, datos y contar la historia de cómo se ha arribado a ellos. Primero al propio grupo de investigación, más tarde a los miembros de la institución en un seminario de resultados y, al menos una vez al año, en el congreso anual de tu especialidad.

Más allá de las mariposas en el estómago que puedas sentir cada vez que explicás tus resultados a un grupo de pares, sabés que “debés hacerlo”, no hay escapatoria. Por mucho que te aterre la idea de desentonar, de ser cuestionado o de aburrir a tu público, el beneficio es claro: es el camino indiscutible para arribar al paper.

Lo ensayarás una y otra vez frente al espejo, tomando el tiempo para no excederte de los 10 o 15 minutos estipulados. Optarás por pedir socorro a otro becario amigo que te escuche y te dé su opinión acerca de tu presentación. Pero lo que sin duda pasará es que tu jefe te pedirá que lo ensayes en público antes de tomarte el bus al congreso. Definitivamente, ningún director de tesis dejaría dar una comunicación oral en un congreso a su becario de iniciación sin algunas sesiones de práctica. ¿O me equivoco?

Pero mientras este salto que implica comunicar lo que hiciste en el laboratorio durante muchos meses a tus pares se considera un salto “natural”, el salto que implica contar tu ciencia al gran público es un salto que todavía no se considera necesario. En principio, no firmás ningún papel que te obligue a dar charlas en colegios, ser guía en una jornada de puertas abiertas o a atender a los periodistas. Pero, ¿podrías negarte si te lo pidiera tu jefe o la dirección de tu instituto?

Se trate del salto del que se trate, ya sea para hablarle a tus colegas o a Doña Rosa, no es recomendable saltar al vacío. Es claro que no podés saltar si no te preparaste lo suficiente. Pero también es claro que no vas a saltar si no tenés como mínimo el apoyo de tu jefe, de la institución para la que trabajás e idealmente una política pública que te acompañe en el desafío.

¿Y a vos qué te pasó? ¿Cómo fue la primera vez que diste el salto de la mesada del laboratorio al atril del congreso? ¿Qué estrategias utilizaste para superar el pánico escénico? ¿Te sirvieron a la hora de encarar una actividad de divulgación?

¡Te invito a que me cuentes tu experiencia o dejes tu comentario!

Victoria MendizábalSoy Victoria Mendizábal. Bióloga y Dra. en Farmacología por la Universidad de Buenos Aires. Fui becaria doctoral del CONICET en Argentina, Postdoc en el laboratorio de Neurofarmacología de la Universidad Pompeu Fabra en España. No me iba mal como científica, al contrario. Llegué a ser investigadora adjunta del CONICET con menos de 35. Pero un día decidí dejar los experimentos controlados ya que empecé a sentirme más cómoda y útil en esto de hacer llegar el conocimiento científico a la sociedad. No quiero que dejes la mesada, si no es tu deseo. Al contrario, espero poder convencerte de lo importante que es esto de la comunicación social de la ciencia, sin dejar de ser científico o científica.

Contacto: victoria.e.mendizabal@gmail.com

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4 pensamientos en “¿No todos iguales ante la divulgación?: A saltar, pero con la pileta llena

  1. Me encantó la nota… sobre todo porque menciona a mi queridísima “doña Rosa”
    La primera vez que tuve que presentarme ante un congreso, lo había ensayado ciento de miles de veces, tanto es así que hasta mi marido (en ese entonces novio) arrancaba al unísono conmigo “el anagrelide es un fármaco que se utiliza para el tratamiento de la trombocitemia esencial Y BLA BLA” el pobre santo, me escuchó repetir el cuento una y otra vez, hasta aprenderse la intro como si la fuera a dar el (y eso que no entendía ni j de lo q estaba contando)… así seguí practicando en todo el viaje de Bs As a mar del plata, mirando la presentación como si algo nuevo pudiese surgir, imaginando las preguntas que me iban a hacer con saña y maldad… Finalmente llegó el día “¿estas nerviosa?” me preguntó mi directora “no” le respondí, y mágicamente era cierto…no había ni un asomo de nervios en mi cuerpo, ni un poquito de ansiedad, nada… Transcurrió la presentación, las preguntas (que no fueron ni con saña ni con maldad) y salí airosa de mi primer presentación, y hasta me gané un premio!… así descubrí una de las cosas que mas me gusta de ser científica …y si, sé que soy medio marciano… que la mayoría detesta ese momento de pararse frente a cientos de colegas con un puntero láser a contarle que es lo que hace día a día en su mesada y peor aún, lograr que les parezca interesante, pero a mi me encanta… y me encantaría también lograrlo algún día con “Doña Rosa” , que me escuche atenta y asombrada y le diga al marido “viejo, veni a escuchar lo que hace esta chica en su trabajo”

    • Qué lindo Yesie14! Me encanta cómo está contada la anécdota.

      Creo que tu relato describe perfectamente ese momento que todo becario vivió, aunque muchas veces no con tanto éxito… no? Las primeras veces en nada suelen ser ni medianamente placenteras. Pesan más los nervios, probablemente y nos juegan MUY malas pasadas. En tu caso, la práctica hizo lo suyo y también esto de imaginar “las preguntas”!!! qué momento! En este punto, a mi siempre me sirvió pensar lo que alguna vez escuché por ahí: “vos sos quien más sabe de lo que hiciste”. Y sí, es cierto. Por eso a mi en esa instancia me aterraban las preguntas generalistas de estos jurados que quieren lucirse y relacionar lo irrelacionable con comentarios del estilo: “entonces sus resultados podrían sugerir que en tal patología tal y cual y pascual…?”.

      Finalmente, creo que la divulgación tiene que apuntar a esto que bien expresa Yesie14 en su comentario: que el marido de Doña Rosa, finalmente salga de su apatía y se interese!!!

      Gracias Yesie 14 por compartir tu primera vez!! A ver quién más se anima!!

      saludos

  2. Ya hace unos años, con dos colegas, tuve la oportunidad de realizar un taller de biologia molecular para líderes de opinion, a semejanza de uno realizado en Chile. Nos volvimos locos para conseguir que gente como periodistas no científicos, directores de empresa, artistas se enganchara con nuestra propuesta de pasar un dia y medio en el laboratorio purificando ADN y corriendo geles de agarosa, además de escuchar a grosos como Alberto Kornblihtt y Omar Coso. Aunque muchos dijeron que no, tuvimos gente muy copada que se prendió (hasta el procurador financiero de la Nacion!). Lo mejor de todo fue Diego Valenzuela, que en aquel entonces tenía un programa en radio Continental: nos ofreció un micro de 5 min en su programa, prime time de la tarde, para traer invitados a hablar de sus investigaciones. Lo hicimos durante un año. Y aunque reconozco nuestras limitaciones en cuanto a cómo comunicar, creo que fue una muy fructífera experiencia.

    • Qué interesante Andrea! Pero qué lástima que se haya terminado… Al taller para líderes de opinión lo organizaron ustedes por cuenta propia o los apoyó la institución? Y el micro en el programa de radio?

      En ejemplos como este es donde se ve clarito el tema que repito una y otra vez. Mientras no se tomen en serio iniciativas de los investigadores como estas que cuenta Andrea, la comunicación de la ciencia seguirá siendo una actividad anexa y basada en la buena voluntad de los científicos.

      Necesitamos políticas institucionales y públicas que los apoyen!!!

      Saludos a todos!
      Victoria

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