Comunicación médica centrada en el paciente

En los últimos 30 años, la llamada generación baby boom –compuesta por los nacidos poco después del fin de la Segunda Guerra Mundial- ha funcionado como catalizadora de profundos cambios, tanto en el orden social como institucional.

Desde que alcanzaron la mayoría de edad a mediados de los años 60, han producido cambios significativos en la estructura familiar –con menos casamientos, más divorcios y menos hijos, han alcanzado un mayor nivel educativo, mayores ingresos y han trabajado activamente para extender los derechos civiles de algunas minorías y de las mujeres

A partir de 2010, los primeros baby boomers empezaron a alcanzar los 65 años y a convertirse en los nuevos adultos mayores. En el terreno de la salud, algunos especialistas consideran que esta generación ha implicado la sofisticación de los sistemas sanitarios y acelerará el movimiento que promueve el autocuidado de la salud, alterando definitivamente la relación tradicional entre médicos y pacientes (Institute for the Future, 2000). El informe Boomers in transition: the future of aging and health (2003) advierte que esta generación seguirá trayendo importantes desafíos para los profesionales de la salud, los sistemas de salud y la industria del cuidado de la salud en su conjunto. Se trata de una generación más educada, más diversa en su composición, creencias, valores y preferencias y con una concepción mucho más amplia de la salud que incluye lo físico, lo mental y lo espiritual.

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“Si no comunicas, es como si el experimento nunca se hubiese hecho, es como entrenar duro para no jugar el partido”.

Por Victoria Mendizábal para Bioforum

Eduardo VillablancaChileno, hijo de médico, niño inventor y casi basquetbolista profesional, Eduardo Villablanca llega a ser científico gracias a una curiosa serie de casualidades y la influencia decisiva de su padre.  

Atraído por la posibilidad de “estudiar para manipular los genes” en una nueva carrera que comienza a dictarse en la Universidad de Chile a mediados de los años noventa, Eduardo hace un recorrido más o menos tradicional en la formación de un científico. Tesis de grado en un laboratorio de prestigio en su Chile natal, estancias en el exterior en Francia e Italia mientras termina su doctorado y, finalmente, un posdoctorado en EEUU donde acaba de consolidarse como un científico con proyección internacional.

Sin embargo, Eduardo aún no regresa a su país. Las condiciones no están dadas para repatriar a este cerebro que se fugó hace ya mucho tiempo. Aunque vea con cierto optimismo lo que está pasando en Chile en materia científica y le encantaría regresar para contribuir con un proyecto ambicioso, considera que aún no es el momento.

Mientras tanto, hace sus aportaciones desde el prestigioso Instituto Karolinska en Suecia, donde desde noviembre de 2014 ha iniciado con éxito su propio laboratorio de investigación. Allí trabaja junto a un nutrido equipo de científicos de diversas procedencias con el sueño de avanzar en la comprensión del sistema inmune y crear terapias para enfermedades como la colitis ulcerosa y el cáncer colorectal.

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