“Ser mujer y científica es tener que sacrificar una buena parte de la vida familiar para hacerte un lugar en el mundo de la investigación”

Por Victoria Mendizábal para Bioforum

Pato RobledoPatricia Robledo nació en Colombia. Cuenta que fue criada en un fuerte matriarcado y que su familia la impulsó a ir detrás del “sueño americano” que la convirtió en Psicobióloga. Hoy está convencida de que la ciencia sigue siendo un territorio más difícil para las mujeres que para los varones.

Marcada por la influencia materna y por una historia personal por momentos adversa, Patricia emprendió el camino de la ciencia como una manera de canalizar su deseo de resolver los enigmas de la conducta humana. Esa inquietud por encontrar respuestas a lo desconocido la llevó desde su Cali natal a Los Ángeles, donde descubrió, maravillada por los hallazgos de Konrad Lorenz, que ella también podía ser científica.

Nuestra entrevistada tiene muy claro qué tan importante es el recorrido personal y la vida interior de los científicos a la hora de embarcarse en un viaje de razonamientos áridos y, en ocasiones, de mucha competencia. Su madre y su abuela fueron figuras clave a la hora de infundirle el coraje para crecer convencida de que podía escoger cualquier carrera por difícil que fuera.

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La comunicación en el equipo de salud

La célebre frase que hiciera famosa Alejandro Dumas en su novela “Los tres mosqueteros” nos remite casi inmediatamente a la tierra del mítico personaje que inspiró a este maestro de la literatura. Al compás del “todos para uno y uno para todos”, viajamos a los tiempos de Athos, Porthos, Aramis y el famoso espadachín de la corte francesa del siglo XVII, el Conde d’ Artagnan. Pero, más allá de la referencia histórica, la contraseña de estos conocidos personajes es, frecuentemente, utilizada para dar cuenta de la necesidad de aunar esfuerzos en pos de un objetivo común. Vinculado a valores como la solidaridad, la unidad, la amistad o la lealtad, el lema “todos para uno y uno para todos” funciona como una metáfora casi obligada del trabajo en equipo.

Al comienzo de la primera Serie Didáctica, planteábamos la necesidad de reconsiderar la noción de relación médico-paciente por otra que diera cuenta de las grandes transformaciones acontecidas durante el último siglo. De la intimidad de la isla que ilustraba al clásico binomio médico-paciente, hemos pasado a la necesidad de trabajar en equipos de profesionales de la salud que deben funcionar de manera efectiva en el ámbito de una o más instituciones. Ahora bien, ¿cómo hacer frente a esta necesidad de trabajar de modo colaborativo en un contexto de creciente especialización? ¿Qué significa trabajar en equipo? ¿Cómo se crean y mantienen equipos de trabajo interdisciplinar que funcionen de manera efectiva?

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Comunicación médica centrada en el paciente

En los últimos 30 años, la llamada generación baby boom –compuesta por los nacidos poco después del fin de la Segunda Guerra Mundial- ha funcionado como catalizadora de profundos cambios, tanto en el orden social como institucional.

Desde que alcanzaron la mayoría de edad a mediados de los años 60, han producido cambios significativos en la estructura familiar –con menos casamientos, más divorcios y menos hijos, han alcanzado un mayor nivel educativo, mayores ingresos y han trabajado activamente para extender los derechos civiles de algunas minorías y de las mujeres

A partir de 2010, los primeros baby boomers empezaron a alcanzar los 65 años y a convertirse en los nuevos adultos mayores. En el terreno de la salud, algunos especialistas consideran que esta generación ha implicado la sofisticación de los sistemas sanitarios y acelerará el movimiento que promueve el autocuidado de la salud, alterando definitivamente la relación tradicional entre médicos y pacientes (Institute for the Future, 2000). El informe Boomers in transition: the future of aging and health (2003) advierte que esta generación seguirá trayendo importantes desafíos para los profesionales de la salud, los sistemas de salud y la industria del cuidado de la salud en su conjunto. Se trata de una generación más educada, más diversa en su composición, creencias, valores y preferencias y con una concepción mucho más amplia de la salud que incluye lo físico, lo mental y lo espiritual.

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“Si no comunicas, es como si el experimento nunca se hubiese hecho, es como entrenar duro para no jugar el partido”.

Por Victoria Mendizábal para Bioforum

Eduardo VillablancaChileno, hijo de médico, niño inventor y casi basquetbolista profesional, Eduardo Villablanca llega a ser científico gracias a una curiosa serie de casualidades y la influencia decisiva de su padre.  

Atraído por la posibilidad de “estudiar para manipular los genes” en una nueva carrera que comienza a dictarse en la Universidad de Chile a mediados de los años noventa, Eduardo hace un recorrido más o menos tradicional en la formación de un científico. Tesis de grado en un laboratorio de prestigio en su Chile natal, estancias en el exterior en Francia e Italia mientras termina su doctorado y, finalmente, un posdoctorado en EEUU donde acaba de consolidarse como un científico con proyección internacional.

Sin embargo, Eduardo aún no regresa a su país. Las condiciones no están dadas para repatriar a este cerebro que se fugó hace ya mucho tiempo. Aunque vea con cierto optimismo lo que está pasando en Chile en materia científica y le encantaría regresar para contribuir con un proyecto ambicioso, considera que aún no es el momento.

Mientras tanto, hace sus aportaciones desde el prestigioso Instituto Karolinska en Suecia, donde desde noviembre de 2014 ha iniciado con éxito su propio laboratorio de investigación. Allí trabaja junto a un nutrido equipo de científicos de diversas procedencias con el sueño de avanzar en la comprensión del sistema inmune y crear terapias para enfermedades como la colitis ulcerosa y el cáncer colorectal.

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Médicos y pacientes en la Sociedad de la Información

Curar el cáncer. Clonar seres humanos a la carta. Lograr la eterna juventud o acceder a tratamientos farmacológicos personalizados. Llegar a producir tejidos compatibles con pacientes de enfermedades incurables como la diabetes o el Parkinson. ¿Cuál es el límite entre lo real y lo posible?

En 2005 el mundo de la ciencia se vio sacudido por el escándalo del científico surcoreano Hwang que, con un equipo de 25 investigadores, anunció haber clonado por primera vez embriones humanos. En un contexto en el que los medios de comunicación nos informan día a día sobre avances científicos que, en ocasiones, parecen más cercanos a la ciencia ficción que a la realidad, ¿quién podía sospechar que se trataba de un fraude científico? ¿Quién podía dudar de la rigurosidad y la calidad del proceso de peer review de una revista como Science?

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Nuevos escenarios en la relación médico-paciente

photo credit:  via photopin (license)

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Un par de palabras clave, un simple “enter” y unos cuantos minutos para ir delimitando cuál es el mal que lo aqueja. El paciente llega al consultorio con un diagnóstico hecho a medida en un buscador de Internet y desafía a su médico.

En el pasillo del hospital, un familiar se acerca al jefe del servicio y le exige explicaciones acerca del tratamiento que se le administró a un paciente ingresado. Las cosas se han complicado.

¡Es que los economistas y sus intereses liberales se han interpuesto en nuestro trabajo y nos imponen limitaciones médicas sobre el diagnóstico y el tratamiento de nuestros pacientes!”, se queja un médico en la cafetería del centro de salud.

“Por eso, lo mejor es pagar todos los meses la cuota de la aseguradora y estar protegidos frente a posibles reclamos y litigios, opinan quienes ya tuvieron alguna mala experiencia.

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¿No todos iguales ante la divulgación?: A saltar, pero con la pileta llena

por Victoria Mendizábal para BioForum

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Y sí. Lo admito. No fui del todo sincera cuando te dije que cualquier científico es capaz de comunicar lo que hace en su laboratorio con igual facilidad.

Lo siento. Tenía que ser un poco provocativa si de verdad quería llamar tu atención.

Por eso, empecé diciéndote que no hace falta ser Sagan, Cousteau, Paenza o Golombek para poder comunicar de manera clara, efectiva y amena tus experimentos. Aunque no te estaba mintiendo, omití decirte que hay que tener un mínimo talento natural y un entrenamiento básico en habilidades de comunicación para no hacer papelones.

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